Tradición dialógica
 
- La tradición dialógica arranca de Sócrates, filósofo griego del siglo V a.C., y resurge con fuerza en la ética discursiva creada por Karl Otto Apel y Jürgen Habermas. Ambos autores creen que la aportación kantiana es óptima, pero adolece de un defecto: considerar la racionalidad moral "monológica", cuando en realidad es dialógica. Las personas no llegamos a la conclusión de que una norma es ley moral o es correcta individualmente, sino a través del diálogo con los demás

- Supongamos que queremos averiguar si una norma es moralmente correcta o no. La ética del discurso propone someterla a un diálogo en el que participen todos los afectados por la norma, diálogo que recibirá el nombre de discurso. Ahora bien, una vez finalizado el discurso, la norma sólo se declarará correcta si todos los afectados por ella están de acuerdo en darle su consentimiento, porque satisface, no los intereses de la mayoría o de un individuo, sino intereses universalizables. El acuerdo al que lleguemos no será un pacto estratégico, en el que los interlocutores se instrumentalizan recíprocamente para alcanzar cada uno sus metas individuales, sino el resultado de un diálogo en el que se aprecian como interlocutores igualmente facultados, y tratan de llegar a un acuerdo que satisfaga intereses universalizables. Así pues, la racionalidad de los pactos es una racionalidad instrumental, mientras que la racionalidad de los diálogos es comunicativa y tiene en cuenta los intereses de todos.

- Al igual que Kant, los partidarios de la ética del discurso centran su preocupación en la dignidad humana. Ahora bien, ¿de qué somos dignos los seres humanos? La ética del discurso afirma que cada persona ha de reconocerse como interlocutor válido en cuantas normas le afecten. Por lo tanto, cuando se delibere sobre la corrección de esas normas, somos dignos de ser tenidos en cuenta en las decisiones: tenemos que poder participar en los diálogos en las condiciones más próximas posible a la simetría: - Cualquier sujeto capaz de lenguaje y acción puede participar en el discurso - Cualquiera puede problematizar cualquier afirmación - Cualquiera puede introducir en el discurso cualquier afirmación - Cualquiera puede expresar sus posiciones, deseos y necesidades - No puede impedirse a ningún hablante hacer valer sus derechos, establecidos en las reglas anteriores, mediante coacción interna o externa al discurso.